Yo nunca nunca…

¡Cómo olvidar esos juegos de pequeños como el de girar la botella, el avión y el de yo nunca nunca!

Bueno quizás este último era un juego para un poco más mayores y si nunca nunca lo han jugado consiste en poner unos chupitos-shots de tequila al centro de la mesa y la diversión comienza cuando la gente empieza a ventilar cosas subiditas de tono por ejemplo: “Yo nunca nunca he besado a una mujer” y todos los que lo han hecho se toman los chupitos y los que no no hacen nada.

Ahora bien, la cosa es engañosa por que los que han hecho cositas “malas” acaban con un pedo tremendo pero los que no las han hecho también terminan lavando la ropa sucia en público pues uno se puede enterar de si ha mentido, tiene novio, nunca la han besado o tonteras mas profundas.

Pues venga—el día de hoy quiero jugar esto con ustedes.

¡Cuántas veces dije cuando yo sea madre yo nunca, nunca, NUNCA haría eso!

Yo nunca, nunca pariría en la Seguridad Social—-primer chupito.

Yo nunca nunca le daría biberón a mis bebés pura teta—segundo chupito.

Yo nunca, nunca le daría un chupete que se le ha caído al suelo sin estirilizar—tercer chupito.

Yo nunca, nunca le dejaría el pañal con caca por más de cinco minutos—-cuarto chupito.

(A partir de ahora dejaré de contar los chupitos no quiero que la familia política piense que soy una peda perdida y me quieran quitar a la niña por mal ejemplo)

Yo nunca, nunca haría kilos de papillas habiendo potitos del súper…

Yo nunca, nunca la dejaría comerse una galleta relamida por el perro..

Yo nunca, nunca la llevaría a restaurantes a comer….

Yo nunca, nunca utilizaría una canguro para irme de madre disipada a una cena…

Yo nunca, nunca me haría la dormida para que la niña siga jugando sola…

Yo nunca, nunca le diría que el parque está cerrado por remodelación…

Yo nunca, nunca volaría en viajes trasatlánticos con bebés…

Yo nunca, nunca pondría a mi hija a gatear en el piso del aeropuerto…

Yo nunca, nunca le pediría a una mamá un pañal de emergencia por que se me han acabado los míos y no hay farmacias ni supermercados en 8000 km a la redonda…

Yo nunca, nunca pondría a la niña de pretexto de- ¡ay es que tiene fiebre!- para no ir a reuniones…

Yo nunca, nunca sería de las madres exageradas que le ponen miles de capas como cebolla para protegerla de que le de un aire y se enfríe…

Yo nunca, nunca dejaría de trabajar por ser madre a full time…

Yo nunca, nunca le prestaría el Iphone, el Ipad, el control del TV y demás a la niña…

Yo nunca, nunca prendería la televisión para embrutecerla un poco…

Y el favorito que últimamente me estoy repensando muuuucho y seguro hay muchas madres por ahí que también ( ¿verdad Mamá BabyBlue?):

YO NUNCA, NUNCA DEJARÍA A MI HIJA SER HIJA ÚNICA…

¡Después de tanto chupito ahora entiendo que el día de hoy lleve esta resaca encima!

Es como si no hubiese dormido hace once  meses más de ocho horas seguidas.

Queridas madres nunca digan nunca que mas rápido cae una mala madre que una mujer soltera coja y parlanchera..

Y resulta que tengo hijos por doquier

Tranquilos que no soy azul, como pitufresas y me apodan “putifina“. No señor.

Hoy me han dado la noticia que, para mi sorpresa, tengo el Síndrome Multíparo.

Es decir: tengo hijos por doquier.

Al parir tu vida cambia. Todo gira alrededor de una persona de escasos 50 centimetros. Mientras crece, tu vida sigue cambiando: los amigos sin hijos bostezan ante tu hipo repetitivo de anécdotas sobre tu descendiente. Tus amigos solteros directamente te retiran el habla. Los casados te huyen- no se les vaya a pegar la gana- y los que tienen hijos apuntan en su cálculo mental si su prole ha hecho los mismos avances al mismo tiempo que tu bestia o si cuentas con una genética superior.

Esto de los hijos es el inicio del nazismo- todos creemos haber parido a una bestia superior por que balbuceo gorgoritos al salir del hospital que claramente decían “teeetaaaa”,cago antes de los 4 meses en el orinal y al año se sabía la tabla de multiplicar del 12. Así somos todos no lo nieguen.

Uno de los cambios más importantes  que surgen al parir no es la comprobación de la existencia de la gravedad al ver tus carnes caídas y tus pezones en las rodillas. No. El verdadero cambio es despertar y darse cuenta que no importa que hayas decidido tener un sólo hijo, uno sólo, para que te conviertas en madre de todos.

Recién parida- después de la cuarentena y cuando el amigo Epi (no la pareja de Blas de Barrio Sésamo si no, el corte de la episiotomía) me dejó andar; comprobé que veía pequeños seres llamados niños por doquier. Todo resultaba tan lindo, tan cursi, tan “primaveral” que yo esbozaba  y regalaba sonrisas a cada uno de ellos.

 

Pensé que era la puta hormona y que me estaba volviendo loca. Al llegar a casa, me llegó una carta urgente de Intermon Oxfam para apoyar a la hambruna del Cuerno de África. No paré de llorar. Tuve que depositar en su cuenta de ipsofacto para tranquilizarme ante ese panorama desolador. Semenator le pareció loable pero me pidió que para la próxima vez consultara con él la cantidad, no vaya a ser que provoque yo la hambruna de las arcas de Smallville…

Esto no paro ahí. Cada vez que veo que un niño llorar por la calle tengo que parar y sacar de mi bolso-bandolera-pañalera-sombrerodemago un juguetito que le pueda hacer gracia para que deje de sufrir. Las madres siempre me agradecen por apaciguar a sus hienas chilladoras y, oiga yo me quedo tan agusto,  que hasta escucho en off música celestial por haber aplacado el sufrimiento de una minibestia.

El colmo es cuando veo la televisión. Si pongo una serie de medicina tipo Grey´s Anatomy y por casualidad me ponen un capítulo de una madre embarazada que esta a punto de perder a su hijo basta para que termine en una depresión y con una caja entera de chocolates-cualquier pretexto siempre es bueno.

Hoy ha comenzado una nueva serie llamada “Touch” y no paraba de apretujarle la mano a Semenator por que qué difícil es el autismo y no poder “relacionarte” con tu hijo de la manera que la expectativa social ha marcado—y unas lagrimillas han resbalado por mi mejilla.

No señores: no tengo la regla, ya pase el pueriperio y no soy tan cursi como creen. Sufro de Síndrome Multíparo en donde me creo que soy la madre de todos los niños del mundo.

Menos mal que no doy teta por que si no sería un show irme destetando por ahí ante cada berrido de un miniser en el parque—eso si que daría pa mucho post.

El primer paso la aceptación: Soy un desmadre y soy multipara…

El ritual de la papilla

Yo fui de la generación que creció gracias a la papilla fortificada de la abuela española con sesos, hígado y toda víscera asquerosa cuyo fin era que crecieras fuerte, sanote y fueras un bebé rechoncho. Gracias a Dios, hoy han dictaminado que por la cantidad de hormonas es mas perjudicial que benéfico incluir vísceras en las papillas de los niños, por que si no directamente hubiese sido madre potito.

Cuando era pequeña,de vez en vez me daban de postre un Gerber- marca de potitos que para mi desgracia no existen en España puesto que seguiría inguyéndolos-de plátano o de mango- y que todo niño mexicano degustó y utilizó para aprender biología.

Los potitos en México no sólo alimentan sino que enseñan: el recipiente de vidrio lo utilizábamos para sembrar el famosísimo frijolito y verlo crecer . Además el potito nos dotaba de nuestro primer instrumento musical, pues con la tapa hacías clic clic clic clic clic hasta llevar a tu madre al borde de la desesperación.

 

 

Esta marca de potitos son tan socorridos, que incluso en los ochentas se hizo la promoción de buscar al niño Gerber- aquél que fuera embajador de la marca para que las amas de casa vieran que la papilla industrial alimentaba igual que la casera.

Me mude a España- aún sin hijos- y comencé a ver como crecían mis sobrinos de este lado del charco. Siempre me ha sorprendido la cantidad de comida que se les da a los niños por acá, por eso están como están: rechonchos y hermosos . En México no solemos tomar merienda. Vamos, de vez en vez te tomas un chocolate o algo para engañar el hambre, pero yo alucino con el tarrote de papilla de frutas, el bocata de nutella o de chorizo o ambos. ¿Qué se le va hacer? Mi hija es española y comerá meriendas.

Mis cuñadas de acá son de las de dar teta y después cuando toca introducir alimentos ellas hacen su propia papilla. Y yo que ilusamente pensaba: ¡que horror! tan fácil que es ir al súper y comprar comida para bebés ¡y voilá! que ganas de complicarse…

Y en eso me embaracé, y en eso nació la Critter, y mi madre quiso meterle vísceras en contra de lo que dijo la pediatra, y comencé hacer papillas traicionando la Thermomix con la Minipimer, y pensé que sería de las que congela para no estar cocinando diario- (tranquilas que no lo hago soy de las de cada tercer día y si alcanza llego hasta el cuarto)… y confieso que el ritual de la papilla da placer. Si como lo oyen. Da un gustito morboso pues es el momento del silencio: es ordenar, es pensar, es lavar, es cortar, es colocar, es hervir, es triturar al grado de espesez que no provoque arcadas, es ir variando e introduciendo colores, es—RELAJANTE.

¡Quién me iba a decir que mi terapia iba a ser hacerle la papilla a mi Critter! Lo mejor de todo es que las devora, lo peor de todo es que no hay marca de potito que le guste sólo las Gerber.  He probado todas, todas, todas y nada. Una cucharada y a la siguiente va todo pa afuera.

Y ahí si nos jodimos todos , me olvido de la practicidad de hoy hay “potito de comer” por que sólo traje 5 frascos de México para urgencias: uno que directamente fue devorado en el avión, y de los cuatro que quedaban mamá se los comió…

Así que potitomadeinhome es el que mola mogollón…

Y yo me trago el cuento de Juan pimiento que cocinar a las 12 de la noche para 4 días de puente en Asturias es relajante, pero ¿a qué por un momento se lo creyeron? ¡a qué si! :)

 

 

 

 

 

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