Hay motivo para celebrar

Soy de fiestas. Y saraos. Y organizar. Dame un pretexto y moveré el desmadre. Siempre que haya motivo para celebrar seré la primera en levantar la mano. Una persona, este fin de semana, me recordó que hay motivo siempre que uno quiera.

Cuando era pequeña todos los viernes eran motivo suficiente para celebrar. Para mi era normal invitar a 6 u 8 amigas, pedir una pizza, alquilar una película VHS en el Blockbuster y saltar en la cama elástica (tombling como se dice en mi pueblo) durante horas.

Cuando fui creciendo, los motivos para celebrar nunca faltaron desde final de exámenes, vacaciones, cumpleaños o el clásico ¡mis padres se van de viaje!

recuerdos

De mi juventud, recuerdo dos ocasiones memorables que con motivo organicé fiestas monumentales:

Tenía 19 años. Corría el año 2000 y era mi primer semestre en la universidad. Mis padres se iban de viaje al otro lado del charco y por primera vez me dejaban quedarme sola. Lo normal es que me enviaran a casa de mis abuelas, pero ya era lo suficientemente grande para que ellos confiaran en mi. ERROR.

Ellos se fueron un jueves por la noche y al día siguiente había “OPEN HOUSE” en mi casa. Ese open house era literal. No sólo vinieron personas de mi semestre de mi carrera, si no que mi casa era una miniuniversidad llena de personas de todas las edades y todas las licenciaturas. No exagero ni un ápice si les digo que éramos 150 personas. Acabamos con las reservas de alcohol de mi casa, hubo un par de destrozos y una chica terminó diciéndome que ¡que pasada de fiesta y pobre de la dueña de la casa por tener que recoger ese desmadre al día siguiente! Ni siquiera se enteró que yo era la dueña de la casa.

Fuera de la cantidad de asistentes, tampoco calculé un ligero detalle: mi tío, el hermano de mi padre, era nuestro vecino. A las 2:45 am él venía regresando de una boda y vio la puerta de casa de mis padres abierta con multitud de personas entrando y saliendo con vasos de plástico en la mano bastante enfiestados. Además, junto al portal habían  5 bolsas extra grande de basura (de esas de contenedor) en donde asomaban todas las botellas que habíamos consumido.

La música estaba a tope, todos bailando y nunca se me olvidará que al girarme vi a mi tío entrando por la puerta. Mi cara fue como si hubiese visto al mismo Lucifer. Mi tío se río y me dijo ¡QUE BUENA FIESTA CHAPARRITA! Me reí y le ofrecí una cerveza para sellar el pacto de silencio.

Ese pacto de silencio duró tres horas. A las siete de la mañana en punto, recibí la llamada de mi padre. ESTABA CASTIGADA. Había motivo.

La otra fiesta monumental la hice ni más ni menos que en la Plaza Mayor de Salamanca. Si, ahí donde conocí a mi santo hace casi trece años. Yo había alquilado un estudio pequeñito al puro estilo Polly Pocket. Recién reformado, parquet lustroso y una monadita.

Cuando sensale de marcha por Salamanca normalmente quedas debajo del reloj de la Plaza Mayor a las 12 am. Ya que el punto de reunión estaba tan a mano, decidí mudarlo un poco más cerquita y cité a todos en mi piso para el botellón de fin de curso.

Por todos entiéndase 100 estudiantes en un piso de 40 metros cuadrados. Eso era una combinación de Tetris, Jenga y de Twister. Nos movíamos lo justo para alcanzar la litrona de Don Simón, para no quemarnos con los cigarros y para parecer que los movimientos iban al ritmo de la música que salía de la radiocassete comprada al último minuto donde sonaba la Oreja de Van Gogh, Bacilos y Paulina Rubio.

La fiesta siguió hasta que un SMS del dueño del piso diciéndome que esperaba que fuera mentira lo que le habían dicho y que en su piso de cuarenta metros cuadrados no hubiese ninguna fiesta me hizo echar a todos bajo la mentira de que venía la Policía.

¡Que buenos recuerdos! Siempre hay motivo para empezar y para terminar una fiesta.

Éste fin de semana había motivo para celebrar: teníamos una boda en Barcelona y era nuestro primer viaje sin niños. Todo estaba preparado, pero ya saben que la vida en rosa es desmadrosa. El viaje comenzó como una auténtica historia de terror:

La noche antes estaba haciendo la maleta y decidí probarme el vestido. Mis pequeños desmadrosos se rieron al verme “disfrazada” y el pequeño desmadroso salió corriendo a abrazarme. Ya saben que le da besitos a las chicas guapas. ¡Cuál fue la sorpresa que no sólo me abrazó él si no también la croqueta que llevaba en las manos!

A las once de la noche mi vestido de fiesta estaba encroquetado. Encontrar una tintorería que por la mañana en una hora quitara esos lamparones de grasa fue una proeza,  pero lo logré. ¡Había motivo para celebrar! Así que salimos corriendo hacia el aeropuerto felices dispuestos a comer perdices.

No hubo perdices. Mi Santo no llevaba identificación y por volver a casa llegamos tarde ¡y perdimos el avión!

¡Teníamos una boda que asistir! Así que no quedó de otra que estrenar el Ave e irnos en tren.

Temía que la boda fuese un #epicfail. No había comenzado bien, el día estaba gris, se anunciaba tormenta y cuando llegué al convite y vi que no conocía a nadie con los que estaba sentada en la mesa casi me da algo.

¡Mi mesa se llamaba HAY MOTIVO! ¿Cómo? ¿Y eso que demonios significaba? El resto de las mesas tenían nombres de sitios dónde los novios habían estado.

Sin embargo, una chica que conocí en esa mesa me enseñó el por qué del nombre. Y gracias a esa chica volví a ser yo misma.

No la que se ha adaptado y dice “guay” en vez de “depelos”.

No la que limita el humor negro porque culturalmente no es tan aceptado.

No la que se ríe en silencio pensando dobles sentidos posibles.

Esta chica me hizo sentirme VIVA.

En un par de horas me recordó a mis amigas, a mi juventud, me recordó lo que es dejar el trabajo porque te duele la tripa de la tensión, me recordó lo que es cubrir a los amigos mientras se fuman el cigarro para que no los cache sus padres, me recordó lo que es convertirse en madre y que no sea como tú lo habías imaginado, me recordó lo que es REÍR a pata suelta, me recordó la Mónica que quizás llevaba mucho tiempo callada.

Así que siempre ¡hay motivo! para hacer un stop y acordarse…

¿De qué? ¡De todo! ¡de TODOS! Y celebrar…

Así que un lema sin duda por el que brindaré: ¡Hay motivo!

¿Cuál es tu motivo? ¿Eso que te mueve y te despierta y te hace ser tú misma?

 

 

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20 Comments

  1. 1

    Madre mía…tremenda debías ser y dicen que donde hubo fuego siempre quedan brasas, no? jeje
    Y sí, una siempre puede encontrar cualquier motivo para recordar o hacer cualquier cosa….cualquier excusa siempre es buena para hacer de tanto en tanto alguna locura o simplemente recuperar a la mujer que todas éramos antes de ser madres.
    Un abrazote!

  2. 2

    Por supuesto que siempre hay motivo, y todo debe celebrarse, lo digo siempre.
    Y me gustas más cuando dices “de pelos” y cuando usas el humor negro.
    En serio, te estaba leyendo y te iba a decir que me encanta leerte y ver como mezclas expresiones de aquí y de allá.
    Besazos.

  3. 3

    me has recordado a un cumple en que pusieron el mapa de mi casa en la pizarra de la facultad, me pasó lo mismito! una chica con la que después nos hicimos requeteamigas me dijo esperando el baño “oye, qué pena la dueña de casa ¿no?” jajaja

    yo también era de organizar mucho en casa, pero creo que era más por la pereza de no tener que moverme xDDD

  4. 4

    Ay amiga de eso mismo hablaba yo en mi post de mi cumple, yo hecho de menos mucho ultimamente la Nerea que yo era . Sin más, etapas digo yo

  5. 6

    Qué divertida, como siempre!!
    Yo no soy de organizar macrofiestas, pero si muy constante de lo un cafecito con las amigas, o una quedada y cena; siempre hay motivo, yo siempre lo busco, cualquier escusa me vale, a mi me hacen sentir viva las pequeńas cosas de la vida.
    Y me ha tocado como a ti, empezar de cero en otro país a hacer amigos.
    Pero que nos quiten lo bailado!!
    😀

  6. 7
  7. 8
  8. 9

    Cómo mola!!! Yo siempre he sido más de ir a fiestas que de organizarlas, la verdad. Soy vaga hasta para eso. Jajajaja.

    Motivos siempre hay. Y si no los hay, se inventan. Un besote y tchin tchin!!!

  9. 11
    • 12

      ¡No te cuento el castigo y los destrozos que hubieron en casa de mis padres porque entonces ya es como pelí americana! pero si siempre hay motivo. Un besote desmadroso

  10. 13

    Me alegra que todo terminara bien!! Lo del vestido y el avion, vaya palo! Pero a veces, cuando menos te lo esperas, tienes una fiesta epica!!! A ver guapetona, las personas como tu SIEMPRE deberian ser ellas mismas!!! Eres todo luz y color y eso no se te puede quedar dentro!!! Besitos!

    • 14

      Estoy contigo pero en mucho de mi carácter he tenido que apaciguarme un poco 😛 de hecho ahora soy hasta tímida…la gente cuando me conoce me dice ¡pero si no callas! y yo pensando uffff si viera mi versión de antes creo que muere jajajaja un besote desmadroso loca y que gusto verte de nuevo

  11. 15

    Ay! cómo me ha gustado este post! me has hecho recordar mis “meses locos” de independencia en Dublín y en Londres. En Dublín liamos una fiesta no tan concurrida como las tuyas, pero casi! A la mañana siguiente teníamos al casero en casa avisándonos de que una fiesta más y nos largaba de ahí… pero lo bien que lo pasamos… qué tiempos aquellos, parece otra vida!

    Y desde luego, sí, SIEMPRE HAY MOTIVO!

    Un beso!

  12. 17

    Yo creo que todavía no me he descubierto a mi misma jejeje. Pero vaya, me hiciste extrañar, aunque sea un poquito aquellas fiestas, aquellas reuniones de chicas, és eno parar de bailar…

    • 18

      ¡BAILAAAAR! ¡Tú no sabes lo que echo de menos eso! Es tan curioso darme cuenta de mi cultura cuando vuelvo, porque en toda reunión, en el coche, al cocinar la música jacarandosa está presente….somos de esos que siempre tenemos ritmo….Un besote desmadroso y otro para la Srita.

  13. 19
    • 20

      Mmmmmm a ver….sincerándome te diría: para fiestas y organización ¡siempre levanto la mano! pero creo que es porque soy LEO fuera de toda coña….DESMADROSA mmmm no era de salir por la noche, beber y así….fui chica buena, empollona y me rebelé al ser madre :;) Un besote desmadroso

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